ECUADOR PERIODO DE LA CONQUISTA
La guerra entre hermanos y las alianzas estratégicas de Pizarro con
etnias en rebeldía ante el Imperio Inca, hizo que la conquista e
invasión española no fueran difíciles de llevar a cabo. El 16 de
noviembre de 1532, Atahualpa es encarcelado por los españoles. A pesar
que el Inca entregó el rescate más grande de la historia (el mito cuenta
que fue un cuarto lleno en su totalidad de oro), es ejecutado ocho
meses después por ahorcamiento, el 26 de julio de 1533. Este fue el fin
del Tahuantinsuyo, aunque la dinastía Inca sobreviviría en pequeños
grupos de resistencia que fueron exterminados de a poco, hasta el último
levantamiento, dos siglos después, liderado por Túpac Amaru II.
Una vez conquistada gran parte del Perú actual, se empezó a
regar la voz entre los españoles de un supuesto tesoro de Atahualpa,
ubicado al Norte, en la ciudad de Quito. Este mito empujó a que se
enviaran dos expediciones a conquistar el resto de los Andes, una
proveniente del norte y otra del sur, siendo ésta última la que llegaría
a Quito y la re-fundaría como ciudad española.
Ésta expedición estaba encabezada por Sebastián de
Belalcázar, o más conocido como Benalcázar. Originariamente se llamaba
Sebastián Moyano, un trabajador de campo, de condiciones pobres, que
tras haber matado a una mula, cambió su nombre y escapó hacia América en
busca de mejor suerte, esto alrededor de 1507. Con el tiempo se
convirtió en un temible y cruento conquistador, fama por la cual,
lamentablemente, no se lo recuerda.
El territorio del norte fue defendido por uno de los tres
generales de Huayna Cápac: Rumiñahui, cuyo nombre significa “Rostro de
Piedra”. Este territorio se hallaba en gran conflicto, varios
asentamientos, antes Quitus-Caras, se rebelaron contra el Imperio Inca.
Esto significó una gran oportunidad para Belalcázar quien se alió con
los pueblos en rebelión para poder llegar a Quito.
El ejército español y sus alianzas se vieron casi
derrotados debido a la fuerte resistencia por parte de los incas. Pero
en este punto el volcán Tungurahua erupcionó, siendo una fuerte señal
para incas y para los pueblos aliados con los españoles, su
interpretación fue que el resultado de la guerra iba a marcar su
destrucción y desgracia.
Se vio inminente la derrota, Rumiñahui se replegó en Quito,
convirtiéndolo en el último bastión de la resistencia inca. Aquí es
donde el General Inca quemó y destruyó todo lo que pueda servir al
enemigo. Sacrificó a las Acllas, las Escogidas o Vírgenes del Sol,
quienes eran sacerdotisas jóvenes encargadas de servir al Inti o Dios
Sol. Su asesinato tuvo como objetivo el no permitir que los españoles
las violasen y proteger a la ciudad de ser profanada. Finalmente,
Rumiñahui encargó a todos sus soldados tomar todo objeto de valor (se
incluye el supuesto tesoro de Atahualpa) y seguirlo fuera de la ciudad.
Aquí surge el mito del famoso Tesoro de Rumiñahui, que vendría a ser no
solo el tesoro de Atahualpa sino todas las riquezas y joyas, metales y
piedras preciosas que existían en la ciudad inca de Quito.
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