martes, 8 de diciembre de 2015

LA COLONIA FUNCION PROTAGÓNICA DE LA IGLESIA

LA COLONIA FUNCION PROTAGONICA DE LA IGLESIA


L  a  G r a n  E n c i c l o p e d i a   I l u s t r a d a  d e l   P r o y e c t o  S a l ó n  H o g a r

La Iglesia Católica en las Colonias
La conquista espiritual y la religión

La conversión de los indígenas a la religión católica y la eliminación de las antiguas creencias de estos era un propósito al que los españoles daban tanta importancia como a la dominación militar. Por eso se dice que, junto con las acciones guerreras, hubo en las colonias una conquista espiritual.

Estas diferencias provocaron conflictos dentro de la Iglesia católica y frecuentes enfrentamientos entre los defensores de los indígenas, por un lado y, los colonizadores y el gobierno español por el otro.

Gran parte del conocimiento que tenemos sobre las culturas indígenas de la época de la conquista se lo debemos a los misioneros. Aprendieron las lenguas, escribieron diccionarios y recogieron información valiosa sobre el saber y las formas de vida prehispánicas.

Numerosos grupos de indígenas se resistieron a abandonar sus creencias, pero al paso del tiempo el catolicismo se arraigó en la población india y mestiza. A los rituales religiosos se incorporaron formas de celebración y de culto, que tienen su origen en las tradiciones antiguas y que dieron al catolicismo popular una personalidad propia.
La iglesia católica fue la institución que más riqueza acumuló en bienes rurales y urbanos. Ésta fue la encargada de transmitir la cultura española a los indígenas. Las comunidades religiosas enseñaron el idioma y costumbres y lentamente unificaron una gran parte de la población indígena que se comunicaban en diversas lenguas y poseían diversas creencias bajo el castellano y la fe católica.
La evangelización fue realizada en un comienzo por los Franciscanos, los Agustinos y los Dominicos, después con el Concilio de Trento, llegaron los Jesuitas, quienes educan a las tribus, pues deseaban alcanzar el desarrollo de las comunidades indígenas y, a diferencia de los demás, no usaron la fuerza para dominarlos. Además el trabajo se hacía colectivamente, y esto produjo gran rendimiento y calidad. "La labor de los jesuitas se convirtió en el primer intento americano de capacitar a los aborígenes para que pudieran competir y estar en igualdad de condiciones con los europeos."
Entre los misioneros llegados a América había ideas distintas sobre la forma de convertir a los indígenas. Unos pensaban simplemente en destruir los templos, prohibir los antiguos rituales y castigar a quienes insistieran en practicarlos. Otros creían que era necesario convencer a los indígenas mediante la prédica y el ejemplo; para lograrlo deberían conocer la lengua y las costumbres de cada pueblo y tratar humanamente a las personas.
Para 1600 “habían pasado a la América española 5,428 religiosos”. Posteriormente llegaron capuchinos, carmelitas, jerónimos, trinitarios, oratorianos y benedictinos. Pero también los hermanos hospitalarios de San Juan de Dios, desde 1602, y los betlemitas, desde 1655. Y, entre las órdenes religiosas femeninas, llegaron clarisas, agustinas, carmelitas y franciscanas, entre otras.
Se cree que en algún momento habían en el Nuevo Mundo más sacerdotes que en la misma península. Ya en Cajamarca, en el momento del reparto de Atahualpa, estaba en evidencia la desproporción: un sacerdote por cada 90 conquistadores. En efecto, recuérdese que estuvieron presentes el clérigo Juan de Sosa y Fray Vicente Valverde.
En la península, en cambio, había un sacerdote por cada mil habitantes, aproximadamente.
La evangelización –o mejor, la Iglesia– “fue –como afirma M.L. Laviana– el aliado indispensable de la conquista y la colonización; proporcionaba el marco ideológico necesario para justificar el papel dominante de los españoles y a la vez permitía ordenar la sociedad de acuerdo con los patrones europeos. Y –bien podemos ya decirlo–, organizar a los pueblos de América Meridional en función de las exigencias económicas del imperio.
Ello pudo darse porque, con gran eficiencia en relación con sus objetivos, la organización de la Iglesia siguió el compás de las conquistas militares. En 1504, en Santo Domingo, se constituyó el primer obispado de América. Y cuando ya casi existían 22 obispados, “con objeto de emancipar a la Iglesia americana de la tutela del arzobispado de Sevilla (del que dependían orgánicamente las primeras diócesis de Indias), se fundan en 1546 las archidiócesis de Santo Domingo, México y Lima...”.


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